lunes, 6 de junio de 2016

Teatro... Comercial?

Hay paises en los que la cultura representa una gran inversión, un buen plan de estructura social,  en estos paises el arte se realiza con amor y no "por amor al arte" porque se tiene la certeza de que se obtendrá algo mas que satisfacción personal ya que el público comprende el esfuerzo y el valor que estas actividades representan para sus artistas.

Existen otros casos en los que la cultura está  relegada a un plano, casi astral y por lo tanto no hay un vinculo que permita crear un público estable. Estos son los casos que llevan a los artistas a convertirse en meros realizadores,  dejando a un lado (por momentos, quizás)  vocación  y convicciones,  produciendo así para niveles de entendimiento estandar, sin arriesgarse a buscar el crecimiento del pensamiento en ellos y en el público.

Un desafortunado ejemplo es la producción de obras teatrales en nuestro país, Venezuela,  en donde se dejó de lado hace algún tiempo la producción teatral desde y para el intelecto y caímos en un vacío de arquetipos y estereotipos que solo buscan llenar una sala, transformando los teatros (en algunos casos)  de "templos artísticos" a carnicerias en donde exhibimos trozos de carne,  vende quien "lo tenga mas grande" quien muestre mas piel o quien diga mas vulgaridades.

Son muy pocas las recomendaciones que hoy se basan en el talento,  y eso es lo que se está promocionando como "teatro venezolano", estas obras que quizás tambien tengan un contenido que lleve a la reflexión pero se está  vendiendo a través de un cuerpo desnudo.

Ciertamente el público venezolano aun esta ávido de eso,  del desnudo,  del cuerpo,  de la fascinación por el otro en su "estado mas vulnerable" y se dntiende que existe la posibilidad de alabar al cuerpo primero que a la mente,  y desde ese conocimiento,  se espera que las propuestas puedan ir evolucionando para llevar al público  a estadios diferentes.  Mientras combinemos propuestas negadas a la catarsis y público acostumbrado al cuerpo no se valorará el teatro en calidad de arte y mucho menos como punto de partida para un propósito de desarrollo social.

Solo queda preguntar, quizás de manera retórica, ¿Seguiremos siendo meros realizadores, comercializadores o tambien podemos incentivar a pensar y a avanzar?

Queda de ustedes
El Lemur Dago.