Hay paises en los que la cultura representa una gran inversión, un buen plan de estructura social, en estos paises el arte se realiza con amor y no "por amor al arte" porque se tiene la certeza de que se obtendrá algo mas que satisfacción personal ya que el público comprende el esfuerzo y el valor que estas actividades representan para sus artistas.
Existen otros casos en los que la cultura está relegada a un plano, casi astral y por lo tanto no hay un vinculo que permita crear un público estable. Estos son los casos que llevan a los artistas a convertirse en meros realizadores, dejando a un lado (por momentos, quizás) vocación y convicciones, produciendo así para niveles de entendimiento estandar, sin arriesgarse a buscar el crecimiento del pensamiento en ellos y en el público.
Un desafortunado ejemplo es la producción de obras teatrales en nuestro país, Venezuela, en donde se dejó de lado hace algún tiempo la producción teatral desde y para el intelecto y caímos en un vacío de arquetipos y estereotipos que solo buscan llenar una sala, transformando los teatros (en algunos casos) de "templos artísticos" a carnicerias en donde exhibimos trozos de carne, vende quien "lo tenga mas grande" quien muestre mas piel o quien diga mas vulgaridades.
Son muy pocas las recomendaciones que hoy se basan en el talento, y eso es lo que se está promocionando como "teatro venezolano", estas obras que quizás tambien tengan un contenido que lleve a la reflexión pero se está vendiendo a través de un cuerpo desnudo.
Ciertamente el público venezolano aun esta ávido de eso, del desnudo, del cuerpo, de la fascinación por el otro en su "estado mas vulnerable" y se dntiende que existe la posibilidad de alabar al cuerpo primero que a la mente, y desde ese conocimiento, se espera que las propuestas puedan ir evolucionando para llevar al público a estadios diferentes. Mientras combinemos propuestas negadas a la catarsis y público acostumbrado al cuerpo no se valorará el teatro en calidad de arte y mucho menos como punto de partida para un propósito de desarrollo social.
Solo queda preguntar, quizás de manera retórica, ¿Seguiremos siendo meros realizadores, comercializadores o tambien podemos incentivar a pensar y a avanzar?
Queda de ustedes
El Lemur Dago.
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